El músico y académico francés Louis Bollioud-Mermet (1709-1773) nació y murió en la ciudad de Lyon cuando todavía ejercía de Secretario perpetuo de la Academia de Ciencias y Bellas Letras, cargo que ocupó desde el año 1758.
Años después de publicar la Bibliomanía, Bolliout de Mermet redacta su Ensayo sobre la lectura (1765) en el que complementa las ideas expresadas en el discurso de 1761. Convencido de que la lectura debe ser guiada por una élite intelectual capaz de pautarla y de que debe realizarse para obtener una utilidad tanto para la vida privada como para la pública, decide concienciar de ello a los lectores comunes y a los jóvenes, es decir, a las personas que solo leen por entretenimiento.
Como declara en el «Prefacio», la selección de lecturas aceptables desde el punto de vista moral y la aplicación consciente a las mismas, le motivan para orientar al lector en aquellos asuntos que piensa que se halla más desprotegido, a saber, la selección de títulos y el método de lectura.
La opinión más generalizada es que los escritos disolutos y los autores poco recomendables resultan del agrado del público, que se deja seducir antes por el placer que por el trabajo que le causa una lectura profunda de autores célebres de cuyas máximas y pensamientos loables podrá servirse. La conducta preferible a la hora de leer es la que sigue el lector instruido, a saber, aquel que no se deja seducir con facilidad, sino que prefiere lecturas agradables por su decoro y buen gusto (p. 26). En este contexto, la elección se presenta como el resultado de un estudio y no del azar o de una recomendación cualquiera. Como resultado, el lector insensato no establece ningún criterio u orden entre sus lecturas.
Pero también debe prestarse atención al acto de leer. Ha de ser un ejercicio pausado porque, de otro modo, no deja ningún poso ni en el ánimo ni en la memoria. El lector poco aplicado «solo conserva, tras haberlos leído, trazos borrosos, imágenes vagas y algunas sombras fugaces del pensamiento y del juicio interior» (p. 31).
Con todo, Bollioud de Mermet reconoce que leer es un ejercicio trabajoso. De ahí que requiera concentración pues, de no realizarse así, no se retienen debidamente las ideas.