Se reúnen en estas páginas las reflexiones de Marmontel a propósito de la declamación tanto oratoria como teatral. El planteamiento que suscribe consiste en afirmar que tan relevante es el contenido del discurso como la forma en que se transmite. Es lo que denomina la «acción» discursiva. Considera que tal acción implica un gesto, un ademán, una postura y un empleo de la voz adecuados. Sigue en sus planteamientos las fuentes clásicas (Cicerón en particular) y establece que entre el púlpito y el escenario hay importantes diferencias que deben ser conocidas por quienes se expresen en cada uno de los foros. Apunta lo siguiente:
En la hipótesis teatral, el actor es el personaje mismo desgraciado o que sufre y es atormentado de alguna pasión, pero el orador no es las más veces sino el confidente, el amigo, el testigo, el solicitador, el defensor del que padece. Por lo mismo, debe haber entre su declamación y la del actor la misma diferencia que ha establecido la naturaleza entre padecer y compadecerse y cualquiera conoce que la compasión es un afecto debilitado, es solo un dolor reflejado. Por esto, el que pinte en sí una situación cruel y despreciada podrá explicarla con los más vivos colores y no tendrá otros límites la expresión de sus palabras que los de la verdad o los de la verosimilitud. Pero el orador deberá reducirse a la sensación que deben causar en un tercero las desgracias ajenas.
Aun en el supuesto de que el orador defienda su causa propia o que, hablando por un extraño, explique los afectos que él mismo experimenta como la indignación, la piedad y el dolor, no debe dejarse llevar de los mismos movimientos que el cómico. Su primer cuidado debe ser conservar, tanto en el foro como en el púlpito, su carácter de dignidad, de integridad, de órgano de la verdad, de hombre que no se propone solo mover al auditorio o a los jueces, sino el instruirlos y presentarles lo honesto, lo útil o agradable (pp. 60-61).
Marmontel diferencia el contexto y el hecho de que el orador debe aspirar a persudir y el actor a ser creíble pues forma parte del representar mostrarse verosímil y ajustado a las circunstancias dramáticas en la expresión de los afectos.