Biblioteca de la Lectura en la Ilustración
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Identificación

Discours sur la lecture

Louis-Sébastien Mercier
1764

Resumen

El dramaturgo y crítico francés Louis-Sébastien Mercier (1740-1814), cuyas opiniones resultaron controvertidas, expone en este discurso su parecer acerca de la lectura. En sus páginas se pregunta si esta perfecciona el espítritu humano y si es verdaderamente útil.

Para argumentarlo comienza por definir la lectura como un pasatiempo íntimo dirigido a entretenernos o instruirnos (p. 5). Le parece la ocupación más beneficiosa de todas siempre que no nos haga perder el tiempo: «Convendremos en que la lectura debe nutrir el alma y no la ociosidad; es peligrosa si favorece nuestra pereza, es inútil si el genio puede prescindir de ella» (p. 5).

Por eso la lectura tiene buenos y malos efectos. Así pues, el propósito de su discurso consiste en mostrar los inconvenientes y sobre todo en indicar los medios para que resulte provechosa.

Divide su discurso en dos partes. En la primera defiende la importancia de los libros como bienes de la humanidad, que transcendieron el tiempo y las naciones hasta el terrible momento de la invención de la imprenta. Arremete sin piedad contra esta: «El arte funesto de la imprenta [...] ha multiplicado, reproducido, inmortalizado las bobadas de los hombres: ha transmitido y transmitirá a la posteridad sus delirios sobre materias ininteligibles» (p. 7).

La aparición de la imprenta supone para Mercier el fin del genio que inventa y crea, de modo que surgen rápidamente imitadores carentes de moral que deshonran a la antigüedad. Esta merece ser venerada porque los libros legados transmiten verdades y lecciones dignas de ser retenidas (p. 8). No existe otro modo de progresar que desarrollando las ideas de quienes nos precedieron y sirvieron de modelos. 

Sucede lo mismo con la prensa periódica que ofrece puntos de vista superficiales que alejan al lector de la lectura profunda. Como contrario también a los philosophes, considera un despropósito que se hayan difundido ideas y autores carentes no ya de méritos literarios, sino de pensamientos profundos. Por eso se pregunta acerca de cuál es el fin que parecen proponerse los autores extravagantes, entretenidos las más de las veces en combates e injurias literarias. 


En este contexto, se plantea también quiénes han de ser las guías de los lectores y dónde encontraran obras que contengan materias de su confianza (p. 9). La abundancia de libros le parece proporcional a la pobreza real de los mismos. En la misma línea se expresa acerca de los diccionarios que no son, en su opinión, sino recopilaciones superfluas (p. 10). Tan enojado está que, sin declararse enemigo del las artes y las ciencias, condena al fuego esa multitud de libros malos e inservibles que ni mejoran el gusto ni satisfacen la curiosidad (p. 11). 

Como otros autores de la época, reprueba que los libros sean objeto de colección, convirtiendo las bibliotecas privadas en mausoleos de enefermos bibliomanos (p. 11). 

Por todo ello, cree obligación de los literatos el intervenir en la situación. No obstante, el problema es que también muchos de ellos se han convertido en periodistas. Y el pueblo iletrado se rinde ante ellos (p. 12). Por ello lamenta que los literatos del «género ameno» que, más que ilustrar con obras bellas de estilo precioso, ofrezcan puerilidades ridículas con un lenguaje a menudo inteligible (pp. 13-14). Y, como consecuencia de todo ello, concluye que la lectura indiscriminada de libros corrompe el gusto. 

La lectura ha de proporcionar un conocimiento profundo de las reglas particulares que se encuentran en la naturaleza. Debe, por lo tanto, huirse de la imitación servil, entre otras razones porque no permite el descubrimiento por uno mismo del arte ni de los modelos (p. 14). Para alentar la imaginación no cabe sino meditar profundamente sobre el arte y, a través de los libros, alcanzar aquellas imágenes cuyo origen se encuentra en lo más profundo del alma (p. 15). 

Pero la lectura tiene otro inconveniente y es que encierra en la soledad del gabinete aislando de la sociedad y del mundo (p. 18). La lectura puede tener menos ventajas que la conversación (p. 19). Además, los grandes lectores se convierten en jueces que recurren más a la memoria que a la imaginación (p. 19). Faltan ideas nuevas aunque constantemente se publiquen nuevos libros. 

Pero la lectura también posee ventajas. Satisface la curiosidad natural y aviva la imaginación, inspira el gusto y constituye un deber implícito por medio del estudio. Como explica en la segunda parte, sin la lectura no habrá sino hombres ignorantes, incapaces de entender cualés son sus deberes sociales (p. 27). Por el contrario, el hombre instruido podrá abandonar las tinieblas de las pasiones gracias a su ilustrada razón. Por eso conviene dirigir a los lectores jóvenes para que dejen de perder el tiempo con lecturas dañinas (p. 28). La razón, en consecuencia, debe ser orientada con los libros que son necesarios, el estudio de los modelos, las obras de gusto y las lecciones de los maestros que frenan los desvaríos de una imaginación ardiente y poco reglada (p. 28). 

Para ello conviene que los lectores, sobre todo los jóvenes, se formen en la Metafísica, la Historia y la Poesía, que ofrece en obras claves de la literatura francesa la dulzura y amenidad que deben presidirla (p. 36). También es relevante conocer la Física porque enseña la magnitud de la obra divina (p. 39). 

Para Mercier lo terrible es que los libros ya no se emplean para ilustrarse, sino que hay multitud de autores que solo aspiran a la gloria y se enfrentan a un publico censor malicioso (p. 41). De ahí que sea necesraio leer y meditar, elegir convenientemente los tratados adecuados para nutrir la razón y el espíritu. Y esas obras inmensas se hallan en algunos autores de la antigüedad o en admirables escritores del siglo de Luis XIV (p. 45) cuyos valores y utilidades ensalza.

Descripción bibliográfica

[Mercier, Louis-Sébastien], Discours sur la lecture, Paris: s.i., 1764. 
50 pp.; 8º. Sign.: BNF 8-BL-2870.

Ejemplares

Bibioteca Nacional de Francia

ark:/12148/bpt6k1501

Bibliografía

Harris, Joseph, ed., Two Shakespeare Adaptations: Le Vieillard et ses trois filles and Timon d’Athènes, London: Modern Humanities Research Association, 2023.

Mulryan, Michael J., Louis-Sébastien Mercier. Revolution and reforme in Eigeteenthe-Century Paris, Pennsylvania: Bucknell University Press, 2023.

Webb Pusey, William, Louis-Sébastien Mercier in Germany, New York: Columbia University Press, 1939.

Cita

Louis-Sébastien Mercier (1764). Discours sur la lecture, en Biblioteca de la Lectura en la Ilustración [<http://212.128.132.174/d/discours-sur-la-lecture> Consulta: 03/04/2025].